Los zapatos rosas

Niña con zapatos rosas y mujer adulta con zapatos de tacón de charol negro

En esa estamos mamá y yo en la entrada del colegio. Creo recordar que era mi primer día de clase en el Sagrado Corazón. Apenas hacía una semana que había cumplido cuatro años cuando nos tomaron esa foto. Iba muy contenta con mi uniforme nuevo y los zapatos rosas que me había regalado la tía Carmen para mi cumpleaños, aunque a mí los que de verdad me gustaban eran los de charol negro que llevaba mamá. ¡Tan altos y brillantes!… Me pasé todo el camino desde casa hasta el colegio mirándolos embelesada, mientras trataba de imitarla poniéndome de puntillas. Mamá tenía una elegancia natural que se veía realzada cuando se ponía zapatos de tacón. Caminaba con una agilidad pasmosa que no se veía entorpecida en absoluto por la altura imposible de aquellos artilugios. Daba igual si se trataba de subir escaleras o de cruzar la calle de forma apresurada mientras el semáforo amenazaba con cambiar al rojo, ella siempre salía airosa de la situación, acompasando con gracia los movimientos de los pies con los del resto del cuerpo. 

–Mamá, quiero unos zapatos altos y brillantes como los tuyos –le dije.

Ella se quedó mirándome muy sonriente, mientras se agachaba para decirme:

–Tú no puedes andar con estos, peque, te podrías lastimar. Cuando acabes el cole, te compraré unos.

Yo no tenía ni idea en aquel momento de que para terminar el cole faltaban aún muchos años y me quedé pensando que aquel mismo día a la salida ya habría crecido lo suficiente para ponerme unos zapatos como los de mamá.



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